jueves, 3 de febrero de 2011

HISTORIA Y ANÉCDOTAS  DE LAS CARMELITAS 
DESCALZAS DE PEREIRA

La fundación de la comunidad religiosa de las Madres Carmelitas Descalzas en Pereira se rea­lizó el 18 de junio de 1943 por la Madre María Dolores de Jesús Crucificado, la Madre Hortensia, la Madre Matilde y la Hermana Asunción.
El lugar inicial de su residencia en la ciudad fueron unas casonas, hoy desaparecidas, ubica­das en la Avenida 30 de Agosto con calles 29 y 30, costado norte, donde estuvieron hasta el 19 de marzo de 1946, desde allí pasaron a la sede que ocuparon durante casi 50 años y es el Mo­nasterio de las Carmelitas Descalzas.
-Ave María Purísima.
- Sin pecado concebida.                                                                           
Era el saludo con el cual iniciaban las conver­saciones con las personas que llegaban al Monasterio en busca de atención para sus necesi­dades físicas o espirituales.
Expertas tejedoras de paño y remalladoras de medias veladas, bordadoras de pañuelos y de prendas muy delicadas. A las parroquias de Pereira y de otras poblaciones cercanas les ven­dían las hostias, y a los jóvenes las bolsas con retales de obleas y la miel de abejas.
En los años 60's se narraba la historia de la monjita que durante las noches salía a la Ave­nida y asustaba a los ciudadanos, lo cual ocasio­naba el pánico de las personas y era el comen­tario de la población.
Es tal su interés y la curiosidad que desperta­ba dicha construcción, que durante muchos años, uno de los obligados paseos de familia, los, «paseos de olla», que habitualmente se realizaban los domingos y días de fiesta, era pasar frente a lat fachada y escuchar las hermosas voces que salían desde el interior de la capilla.
     VALOR ARQUITECTÓNICO
Los planos y el diseño arquitectónico fueron iniciados en 1945 por el arquitecto y escritor quindiano Onel Márquez.
Construido en estilo neocolonial, réplica de los hermosos claustros ,y ornan las ciudades de Popayán, Cartagena, Mompox, Cartago, y como testimonio de sus más profundas raíces caucanas, la familia Valencia Arboleda colaboró decididamente en la construcción del Convento, quedando en nuestra ciudad el único monumen­to arquitectónico correspondiente a la época colonial, que aunque construido tardíamente, es el único testimonio que nos queda como refe­rencia de cuando nuestra ciudad perteneció al Estado Soberano del Cauca.
Algunas evaluaciones realizadas sobre el in­mueble permiten considerarlo como el valor patrimonial tal como figura en el Acta No. 002 de octubre de 1993 que «reconoce este inmueble como un bien patrimonial histórico y destaca como de conservación la iglesia, la torre, la portada de acceso al claustro y el claustro pro­piamente dicho (arcadas frente al patio, zonas arborizadas y el volumen del cementerio)».

Adicionalmente esta misma Acta explica que «Dicha arquitectura ha sido considerada como de valor patrimonial, al interior de la comunidad pereirana y estos parámetros son el punto de referencia necesario para futuras interven­ciones en el predio avalando así la decisión del Comité de Evaluación Arquitectónica. Por lo an­terior se recomienda que cualquier intervención que se realice en el inmueble debe' recuperar para la memoria colectiva, incorporándolo en el diseño del patio principal, corno área libre con vegetación al igual que el huerto, la iglesia, el muro y la portada de acceso al convento».
Desde el inicio de su construcción en 1945, duró la edificación casi cincuenta años, y al aproximarse a sus Bodas de Oro, el temblor del 8 de febrero de 1995, deterioró una gran parte del convento que puede y debe ser restaurado. En el momento del temblor, las Hermanas Carmeli­tas ya habían desalojado el lugar y residían en sus nuevas instalaciones en el sector de Tribu­nas, Km 6 de la vía a Armenia.
El lenguaje arquitectónico aunque modesto y de construcción austera, permite identificarlo como una construcción de los años 40, de las pocas que se conservan en la ciudad. La compo­sición y elementos decorativos de la Iglesia y la fachada principal del Convento son la forma de expresión de este hacia la ciudad, creando una imagen que se mantiene a través del tiempo como referencia urbana en la memoria colecti­va de sus habitantes.
Ya de propiedad de TELECOM, el temblor del 8 de febrero de 1995 determinó la evacuación del Monasterio y el cerramiento externo por los da­ños causados a la parte estructural, la cual nue­vamente se vio afectada por el sismo del 25 de enero de 1999. A partir de este momento la edi­ficación fue utilizada como bodega y almacén y cada vez está más deteriorada a causa de los intensos y frecuentes aguaceros pereiranos porque parte del techo de la capilla y de algunos sectores del claustro fue retirado.

Si bien es cierto que arquitectónicamente no posee las mismas características técnicas y ar­tísticas de los claustros y conventos que se cons­truyeron en otras ciudades del país, también es cierto que es la construcción más curiosa, inte­resante y llamativa que se ha realizado en la ciudad, y que a pesar de los dos últimos tembló- res de tierra y de que no ha sido reparada ni restaurada, aún se sostiene en pie, afirmándose en sus bases originales.                                              !
Finalmente existe el interés de un grupo cí­vico de pereiranos que pretende hacer conocer lo valioso que es para la historia y para el com­pleto desarrollo de la parte arquitectónica y cul­tural de la ciudad, la conservación del Monaste­rio, como una parte esencial de la evolución so­cial, religiosa y educativa de Pereira, y porque esta edificación es el único testimonio que se posee en el Eje Cafetero de arquitectura neocolonial.
«Donde no se conserva piadosamente la herencia del pasado, pobre o rica, grande o pequeña, no espere­mos que brote un pensamiento original ni una idea dominadora. Un pueblo viejo no puede renunciar a la suya sin extinguir la parte más noble de su vida y caer en una segunda infancia, muy próxima a la imbecilidad senil».
MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO.

RECETA PARA LIQUIDAR UNA NACIÓN:
«Lo primero que se hace es quitarles la memoria. Se destruyen sus libros, su cultura, su historia. Luego viene alguien y les escribe otros libros, les da otra cultura y les inventa otra historia... Entonces la na­ción comienza lentamente a olvidarlo que es y lo que ha sido... ¿Y el idioma?... se convierte en mero folclor que muere al cabo de un tiempo, de muerte natural».
MILÁN KUNDERA
Textos: JAIME OCHOA OCHOA
Centro de Documentación e Investigación
Literaria del Eje Cafetero.

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